Algunos dicen, hija mía que, de alguna manera extraña, las cosas y los seres están en los nombres que las signan, Tolkien, un escritor que tendremos la ocasión de escuchar en nuestras noches de desvelo, dice que en el mundo de la Tierra Media, los seres que lo habitan, tienen dos nombres uno público, que se revela a todo el mundo, y un nombre privado que contiene los rasgos y la historia de quien lo posee, así, si alguien supiera tu nombre en esa tierra te tendría de algún modo.
Dicho esto, cuando sea el momento, deberás entender que tu nombre público no es igual al nombre que te porta, al nombre que nos permite decirte en medio de la inquietud de tu nacimiento, que nos permite nombrarte en el vientre y por lo pronto tenerte con nosotros mientras tú nadas en el mar de mieles y delicias en el que te acoge tu mamita.
Tu nombre guarda dos historias que serán tu secreto: una la que hilarás con tus risas y tus llantos (esa nos la contaremos en el transcurso de nuestras vidas juntos), el otro el que guardan el conjunto de letras y memorias que hemos guardado para tí en tu nombre.
Te llamarás así para que recuerdes el mar de nombres que te anteceden, para que cuando crezcas te preguntes por el mar de historias y memorias que has debido surcar para ser tú quien eres y quien serás.
Tu primer nombre (Laura) te hace avatar de sueños y deseos, te hace dueña de historias que no te contarán los libros y a lo sumo te podremos narrar tu mamita y yo. Eres avatar, te decía, de una mujer otra de olores dulces y golosinas refrescantes, de canastas con compartimientos secretos que te llevarán a la delicia, de sembrados de plantas mágicas, de una joroba de experiencias muchas, quiropráctica que arreglaba más que huesos rotos, más que habitante de una casa que alojaba además de gentes recuerdos, de una casa que engendró pequeños monstruos como tú y como yo escarbando entre lo que sobra para hacerse de juegos y juguetes. Tú eres pues portadora de un mar de nombres que hacen del tuyo una fórmula misteriosa que sólo podrás descifrar tú, nosotros sólo tenemos algunas huellas y vestigios que te dejamos en la arena de estas líneas.
Tu segundo nombre (Sofía) se ha tomado falsamente como saber, ese no es el sentido oculto en tu nombre, tu nombre entraña otra posibilidad que se ha considerado parcialmente, sofía señala realmente más qué saber o sabiduría, la condición previa que la hace posible, esto es, la curiosidad, así recordarás con tu nombre que la vía hacia la sabiduría se acompaña de deseo de saber más que de la posesión de algo que se tenga definitivamente. Con tu nombre y las claves que te damos sabrás que la curiosidad es tu posibilidad irte haciendo sabedora de las cosas mil que pueblan el mundo.